09 Feb 2019

BY: Andrea Lardani

Servicios

Comments: No hay comentarios

Para algunas personas las vacaciones son un momento esperado para recobrar fuerzas y volver renovado. Pero para otras, puede implicar tener a los hijos en casa mientras la actividad laboral continúa al mismo ritmo. En este caso, según la edad de los hijos y la situación familiar, las vacaciones pueden significar dilemas como:

  • ¿Dejarlos en casa con alguien o llevarlos a una colonia de verano?
  • ¿Cómo organizar la agenda laboral para poder compartir algún programa con ellos?
  • ¿Cómo coordinar los traslados de ida y vuelta cuando son invitados por amigos?
  • Con hijos adolescentes, los temas de preocupación pueden ser: ¿Se pasarán las dos semanas conectados al celular como única actividad? ¿Cómo monitorear a dónde van y con quién se encuentran mientras estamos en el trabajo? ¿Si van a casas de amigos/as habrá algún adulto?
  • ¿Cómo manejar el presupuesto cuando se incrementan los gastos por salidas y entretenimientos durante las vacaciones?

Ante este panorama, las vacaciones podrían pasar a ser una situación generadora de estrés más que de descanso. Aunque mucho dependerá de nuestras actitudes, decisiones y acciones. Algunas ideas que pueden ayudar:

  • Planificar con tiempo cómo nos organizaremos durante el receso escolar. Esto nos permitirá conversar con nuestras parejas, familia u otros padres para evaluar opciones y decidir con tranquilidad. Tomar decisiones de un día para el otro genera tensión tanto en los adultos como en los niños.
  • Hacer un análisis previo del presupuesto disponible para salidas, entretenimientos, colonia de verano, etc., para planificar en función de ello y no generar falsas expectativas en nuestros hijos ni estresarnos por gastar más de lo que podemos.
  • Conversar anticipadamente con nuestros hijos sobre cómo serán las vacaciones. Adecuándonos a la edad de los niños podemos explicarles cómo cambiarán sus rutinas, qué actividades nuevas realizarán, con quiénes se quedarán, qué tipo de programas podrán hacer y cuáles no. Para los más pequeños, saber previamente sobre los cambios de rutina los ayuda a adaptarse mejor. En el caso de los adolescentes, es conveniente conversar con tiempo sobre las actividades permitidas y las no permitidas, horarios a cumplir y cuánto dinero podrán gastar, por ejemplo, para evitar discusiones sobre la marcha.
  • Pedir ayuda. Hablar con nuestros familiares, amigos y a otros padres para coordinar traslados, programas y cuidado de nuestros hijos. Las personas capaces de pedir ayuda a sus redes de apoyo tienen menores niveles de estrés y mayor bienestar.
  • Aprovechar las vacaciones de nuestros hijos para encontrarnos con ellos de manera más distendida. No es necesario disponer de más tiempo, sino considerar el receso como oportunidad para enfocarnos en ellos sin las rutinas y responsabilidades escolares de por medio. Con los más pequeños, jugar a algo que ellos elijan o leerles cuentos hasta más tarde sin la preocupación del horario para ir a dormir, por ejemplo. Con los más grandes, invitarlos a almorzar a nuestro trabajo, ver una película o serie juntos, interesarnos por sus gustos de música y amistades, pueden ser algunas opciones.

Quizás no podemos modificar nuestro presupuesto disponible ni dejar de trabajar en estas vacaciones. Afortunadamente, como adultos tenemos siempre la posibilidad de elegir con qué actitud vamos a acompañar a nuestros hijos durante el receso de verano. ¡Eso sí está en nuestras manos!

Lic. Andrea Lardani

Side bar